Un giro al retroceso laboral
Corren tiempos de crisis, de esos en los que los más aprovechados suelen utilizar para acumular más beneficios. Y todo a costa del eterno perdedor, el más débil, el currito de a pie.
Él necesita un jornal para subsistir y dada la precariedad laboral, acepta lo que sea, aunque ello merme sus derechos y aumente considerablemente sus obligaciones. Y uno de los sitios donde podemos observar esta transición a la inversa, es una reconocida empresa llamada Sanitas, cuyo lugar de actuación es una residencia de ancianos llamada La Florida y situada en Aravaca-Madrid-.
Allí, donde los internos abonan al mes una cantidad varias veces mayor al salario de quien los atiende. Estos, los trabajadores, cuyo cometido es ampliamente superior al que deben desarrollar, porque como es evidente, la plantilla está reducida a dos terceras partes, deben de prestar un servicio muy competente y tan rápido, que supera sus fuerzas, redundando, obviamente, en la calidad del mismo o, en la aportación de un tiempo extra de trabajo, qué no será compensado.
Un ejemplo palpable es el de los cocineros, que son dos. Trabajan en turnos de mañana o tarde, y cuando alguno falta, por descanso, vacaciones o ausencia laboral por motivos justificables, el otro ha de doblar el turno para cubrir esa baja. Y ello sin que le sea abonada la contraprestación de manera alguna. Trabajar mucho y por la cara, para que la empresa se ahorre un puesto de trabajo, es su recompensa.
Los cocineros tienen un ayudante cuyas tareas son mayores de lo que las obligaciones del puesto imponen y así, en cada una de las secciones laborales de la residencia, donde la carencia de personal obliga al que está, asumir tareas muy superiores a sus competencias, ya sea en tiempo o en trabajo efectivo.
Otra de las cuestiones es el tipo de contratación. La mayoría es por tiempo definido (aunque en algunos contratos no especifica cuando terminan) los cuales no son prorrogados, sino cambiados por uno nuevo para así ahorrase el tiempo ganado de vacaciones, que aunque lo abonan, no permiten que este sea disfrutado, evitando así el contratar sustitutos. También han reducido los días que según la legislación pertenecen de asuntos propios a la mitad de ellos y, en la mayoría de los casos, estos están sujetos a la aprobación y la disponibilidad, que aquí siempre es carente.
Es de destacar que la residencia sí que tiene un comité de empresa, al cual podría ampararse cualquier trabajador que viera vulnerados sus derechos pero, el mayor transgresor de estos es la coordinadora jefe de Recursos Humanos, quien, sorprendentemente, es la presidente del citado comité, ante la cual, cuyo anterior trabajo ha debido de ser de azotadora en una galera, no se le puede solicitar que abogue por los derechos de los trabajadores, porque ella, de modo propio u obligada por quien la ha comprado, no los reconoce.
Pues bien, todo esto ocurre en una empresa de un notable prestigio. En un país y una época donde la libertad, democracia y los derechos de los trabajadores, están reconocidos constitucionalmente. Ante la cual sólo queda la denuncia escrita, porque la efectiva, aquella que debe realizarse ante los jueces, no va a ser posible, porque el miedo, la impotencia ante una situación laboral muy precaria, el temido retorno (la mayoría de los trabajadores son emigrantes) o el desconocimiento de los derechos labores, inexplicable pero existente, la hacen si no imposible, sí de una notable dificultad.
GESTORES DE RECURSOS INHUMANOS
Español, inteligente, con una dilatada experiencia laboral. Tres motivos más que suficientes para que cualquiera de las empresas de Recursos Humanos, rompa en pedazos nuestro currículo sin detenerse a estudiarlo ni mucho menos comprobarlo. Cualquiera de estos males, ya echa por tierra todos los dones y la capacidad para cumplir con eficacia nuestro cometido.
Es que estamos en un momento, en el que la demanda supera notablemente a la oferta y estas empresas, que en tiempos difíciles proliferan de la misma manera que lo hacen los buitres cuando hay una gran masacre animal, juzgan pertinente barajar las actitudes y necesidades de quien lamentablemente solicita un puesto de trabajo.
Estos carroñeros, que ante sus clientes se dan ínfulas de gestar complicados informes psicológicos y sociológicos ante los perfiles de quien demanda una oferta de empleo, luego sólo son personajillos que apenas saben leer y escribir, hostigados con sus labores y auto- encumbrados por el avieso afán de poder que les da el disponer de vidas e ilusiones de quien seguramente vale más que ellos, pero que por circunstancias ha de depender de su opinión para poder optar a una plaza de trabajo. Estos gestores de recursos inhumanos, por defecto, mantienen varias premisas para desechar impunemente cualquier solicitud laboral que les presenten.
Una dilatada vida laboral, que señala indicios de que quien la tiene ya no es un muchacho. Que les da que pensar, erróneamente, el que una persona haya estado diez años en una gran empresa y no continúe, es porque no es buen trabajador. Error, ya que si fuera mal obrero, la gran empresa no lo hubiera mantenido esos años. Otro error es asumir que si ha tenido muchas ocupaciones, es que no era bueno en ninguna de ellas, y eso sin considerar que ha estado en esos trabajos un tiempo ampliamente superior al del más largo periodo de prueba.
No preguntan ni investigan los cambios de trabajo, simplemente lo dan por hecho, ya que eso es lo que les marca una nota en el ordenador, que muchos apenas saben utilizar.
Español e inteligente, una mezcla explosiva para quien sólo contrata inmigrantes a ser posible ignorantes, porque así podrán explotarlos más tranquilamente, sin temor a su reacción ya que esta será inexistente dado el miedo a perder el trabajo y el desconocimiento de sus propios derechos y obligaciones.
Y estos esclavos de la presunción, que sólo se autosatisfacen creyéndose muy superiores de quien a sus manos llega, no pueden permitir de quien no lo son, pueda acercarse hasta ellos y así, eliminar la entrevista rompiendo en pedazos una solicitud y omitiendo (porque eso sería noble) responder al solicitante de porqué no lo ha aceptado.
En eso estamos, así pues, si queremos que esos abyectos personajes nos tomen en consideración al solicitar un puesto de trabajo, debemos poner en nuestro currículo, que nacimos en España pero nos hemos nacionalizado de muy lejos. Que somos tontos y que en el trabajo, siempre haremos todo lo que nuestros amos nos manden.
Después, si la entrevista es con alguien de más calidad, dejarle saber poco a poco lo que de verdad valemos.
Nos tocan la moral con las ofertas de trabajo… y algunos quieren tocarnos el bolsillo

Abrimos la página ya desesperanzados porque lo único que nos ofrecen son unos enormes ingresos en una oferta comercial en la que no te garantizan salvo que volverás a ver el mismo anuncio un día tras otro. Alguno de ellos, incluso los hemos escrito esperando al menos una breve entrevista en la que perfilar si el trabajo nos conviene y sobre todo ver si tenemos posibilidades de alcanzarlo. Pero de manera automática te responden envía esto, apuntarte, inscríbete.
Te piden todas esas cosas de manera mecánica cuando en la oferta queda constatado que no precisan experiencia sino gente trabajadora y con ganas de aprender. ¿Entonces? Lo que ocurre es que no han leído tu carta, y si no son capaces de leer una misiva, ¿cómo es posible que puedan leer un currículo entero? La respuesta es bien sencilla. En la carta debemos indicar que somos susceptibles de ser estafados y engañados y en el currículo todos los jefes que se han aprovechado de nosotros. Si eso está lleno, no solo sí que lo leen, sino que sufren varios orgasmos al hacerlo.
No quieren gente inteligente, culta y trabajadora. Desean peleles manejables que agradezcan el que se aprovechen de ellos. Sumisos a los que poder penetrar física y moralmente.
Aunque un día te encuentras un anuncio de un trabajo corriente y, ¡qué suerte! En vez de los consabidos cuestionarios que tampoco lee nadie, te ponen un teléfono para que llames. Agradeces que no sea de tarificación especial y llamas. Pero la sorpresa, o no tanta, es que el teléfono suena, suena y suena y nadie se digna a contestarlo. Y repites la llamada a varias horas del día con el mismo resultado.
Ya te extrañaba, un anuncio normal con un jefe con calidad. Al despertar te das cuenta que es un poco más de la misma miseria.
También ves otro anuncio en el que el trabajo también es normal. En el que te ofrecen un sueldo aceptable para aquí, pero muy bajo para el lugar donde te dicen que desempeñaras el trabajo. Piensas que es lógico, ya que se aprovechan de la crisis y continúas leyendo- Por qué tú sí que lees todo- y te encuentras con un anuncio muy mal escrito y una sorpresa, te piden dinero para empezar a trabajar. No es una empresa piramidal que suele ocultar estos datos hasta que cree tenerte enganchado, es un simple ladrón- más que estos del multinivel- que lo único que quiere es estafarte a ti y a todos los incautos, una cantidad de dinero, que si bien no es mucha, para quien no tiene trabajo es considerable.
Ladrones, estafadores, maleantes, tiranos, opresores, autistas, indolentes, piratas y todo ese tipo de gente de mal vivir que lo hace a costa de los necesitados, lo cual los sube un grado en la escala de los indeseables.
¿Qué podemos pedir? Al menos poder contarlo y soñar con un ciudadano francés que hace unos siglos popularizó un genial invento que se llama guillotina.